COMBATIR LA RISA

I
El hilo

La hilandera hilaba hilarantes hilachas La patrona tronaba de rabia La risa, reservada para los risueños ricos era retada por el eco seco que incomodaba a la acomodada Pronto, las hilarantes hilachas que hilaba la hilandera hirieron el helado halo La marcial marcha marchaba machacando sus risas La monotonía monocrómica moría La demás trabajadoras tronaron sus tráqueas Las risas rimbombantes rimaban ruidosamente No había nada que hacer, la indestructible risa invadió la industrial infraestructura Pronto, todas las hilanderas hilaban hilarantes hilachas.

II
El humo

Parece que las hilarantes hilanderas inundaron al Estado con su inmoral risa y, como hierba, los humoristas comenzaron a aparecer.

¿Acaso no es suficiente con que ya puedan reír? ¿Acaso es necesario que existan personas cuyo oficio sea el hacer reír a los demás? ¡Esto es intolerable! ¡Los humoristas deben desaparecer!- gritó el general.

Inmediatamente, sus colaboradores gritaron:

– ¡Toque de queda a las 10 de la noche! Entren en los clubes, bares, antros de todo tipo y color.

– Son fáciles de reconocer, siempre están fumando, son los únicos que fuman. Parece que el humo de su cigarrillo es la causa de tanta hilaridad.

– Debemos dejar de importar habanos cubanos. La alegría caribeña no me agrada en lo más mínimo – sentenció la máxima autoridad estatal.

Pronto, los habanos y los humoristas comenzaron a desaparecer pero mágicamente la risa aún sobrevivía.

III
El combate

La risa era un problema nacional. Declarada como “epidemia” por el Ministerio de Salud Pública, la hilarante patología comenzó a ser tratada en los hospitales y cuarteles. A los enfermos “no-peligrosos” se los mandaba a los hospitales y a los “peligrosos”, al cuartel. Los primeros tenían altas probabilidades de salir, los segundos, no. Los humoristas eran detenidos; los chistes censurados; las imprentas de revistas cómicas, intervenidas.

Miles de intelectuales y eruditos participaron en la “Comisión para la nueva definición de la risa”, cuyo resultado fue que el vocablo “risa” presente en los diccionarios del país, fuese definido como:

Risa s. Enfermedad sumamente contagiosa. Sus síntomas son: vibración involuntaria de las cuerdas vocales, lágrimas, tos, contracción involuntaria de ciertos músculos del rostro”.

El Estado invirtió una gran suma de dinero en campañas de publicidad anti-risa, con frases como: “La risa daña su salud” o “Aleje a la risa de sus niños”, además de “Un humorista, un enemigo”. Los militares estaban desbordados: miles de redadas, torturas, censuras, publicidades y nada, la risa seguía ahí. La carcajada era cada vez más fuerte. Al final la risa se río de ellos.

Matías Calero

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